La relación entre la ansiedad y el TDAH
Resumen
Muchas personas viven con ansiedad desde hace años. Se tratan, hacen terapia, aprenden técnicas de relajación…, pero, aun así, sienten que algo no encaja, que el ruido mental no se apaga, que la concentración sigue costando, que todo exige demasiado esfuerzo, mucho más de lo que debería.
Y es que a veces, detrás de esa ansiedad hay un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que ha pasado desapercibido. Y cuando esto ocurre, se trata sólo la ansiedad, pero no el origen del problema.
El TDAH no siempre es hiperactividad o impulsividad visible. En adultos —sobre todo en mujeres— suele aparecer como:
- Despistes constantes.
- Dificultad para concentrarse.
- Sensación de estar «a mil revoluciones por minuto».
- Autoexigencia extrema para compensar el caos interno.
Estos síntomas se parecen mucho a los de la ansiedad y, por eso, muchas veces, se diagnostica sólo ansiedad. La persona cree que es «demasiado nerviosa», que es «poco organizada” o que es «poco perfeccionista”, cuando en realidad está viviendo con una mente que funciona de forma distinta.
Pero hay señales que nos pueden indicar que puede haber algo más que ansiedad, como por ejemplo:
- Que la ansiedad mejore sólo parcialmente con medicación o terapia.
- Que haya problemas de atención y organización desde la infancia.
- Que se viva entre picos de hiperfoco y bloqueos.
- Que la mente nunca se apague, incluso en calma.
- Qué haya un nivel de cansancio y frustración constante.
El TDAH y la ansiedad se retroalimentan
Pero es que además, el TDAH y la ansiedad se retroalimentan entre sí. Las personas con TDAH tienen dificultades en la regulación de la atención, las emociones y el tiempo, y eso supone cometer errores, tener olvidos o tener una sensación de descontrol, lo que aumenta la ansiedad. Y la ansiedad, a su vez, empeora la concentración y la memoria potenciando la sintomatología del TDAH. Y esto es un bucle agotador si no se trata de forma integral.
La ansiedad en el TDAH suele ser una consecuencia del esfuerzo constante por mantener el control. Cuando se tratan ambos aspectos —TDAH y ansiedad—, la vida empieza a sentirse más ligera y más posible.
Por otro lado, en el caso de seguir un tratamiento farmacológico para el TDAH cuando la ansiedad es muy alta, los fármacos estimulantes pueden aumentar el nerviosismo o el insomnio, y esto no significa que el tratamiento no funcione, sino que hay que ajustar el orden y las dosis: primero estabilizar la ansiedad, luego introducir el estimulante con seguimiento profesional.
Aunque cada persona necesita un enfoque diferente, algunas técnicas que ayudan a regular la ansiedad en el TDAH son:
- Respiración y pausas conscientes para calmar la activación.
- Planificación visual y rutinas que den estructura.
- Técnicas de grounding: conectar con los sentidos para volver al presente.
- Movimiento físico regular (caminar, bailar, yoga).
- Psicoeducación: entenderse a uno mismo y cómo funciona nuestro cerebro para reducir la culpa.
- Autocompasión: dejar de exigirse «ser como los demás» y empezar a conocerse.
La ansiedad en el TDAH suele ser una consecuencia del esfuerzo constante por mantener el control. Cuando se detecta y se tratan ambos aspectos —TDAH y ansiedad—, la vida empieza a sentirse más ligera, más coherente y más posible.
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