El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por tres síntomas nucleares: el déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad. En función de los síntomas predominantes, hablamos de presentación inatenta, hiperactiva/impulsiva o combinada. 

Se trata de uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia, que afecta aproximadamente a un 5% de los niños y las niñas en edad escolar. Aunque frecuentemente se considera un trastorno exclusivo de la infancia y la adolescencia, la realidad es que puede persistir a lo largo de la vida. Un 75 % de los niños y niñas con TDAH serán adolescentes con TDAH y, de estos adolescentes, un 50 % serán adultos con TDAH. Se estima que la prevalencia del TDAH en la población adulta es de entre el 3 y 4%.

Es un trastorno complejo y heterogéneo, en cuyo origen intervienen factores genéticos, biológicos y ambientales. Aunque el factor genético, según los estudios de investigación, es el que tiene mayor peso en la susceptibilidad de la aparición del trastorno, también se ha relacionado su origen con otros factores como el consumo de tabaco o alcohol durante el embarazo, la prematuridad, el bajo peso al nacer, el retraso de crecimiento intrauterino o traumatismos cerebrales graves. Pero a pesar de ser el trastorno psiquiátrico infantil más estudiado, todavía no se conocen exactamente las causas y los mecanismos implicados en él.